El paraíso perdido
Lunes, 4 marzo 2013 01:58
No se me ocurre titulo mejor que el de la conocida novela para identificar este editorial.
Basado en datos del periodista Andrés Oppenheimer, notoriamente simpatizante de las naciones que ejercen el control del mundo.
El índice de homicidios con armas de fuego en Washington D.C .es de 19 personas cada 100 mil habitantes, casi el doble que el de México y más elevado que el de Brasil.Nueva Orleans, tiene 62 asesinatos con armas de fuego cada 100 mil personas, índice casi tan elevado como el de Honduras el país más violento del mundo.
Detroit marca 36 asesinatos con armas de fuego cada 100 mil personas, índice más elevado que el de Colombia.
Y así en varios estados.
Cabe resaltar sí, que Nueva York ha disminuido la tasa a 4 personas por cada 100 mil, aun así es más alto que el de Argentina 3 personas cada 100 mil.
Agrega el periodista que se comparan ciudades con países, cosa que no nos preocupa en este caso, puesto que a otro punto nos dirigimos.
Los partidarios del lobby de las armas, citan el hecho que aunque Estados Unidos es el país con mayor índice de posesión de armas, su índice de homicidios como país es de 3 cada 100 mil personas, más bajo que el de la mayoría de los países latinoamericanos, pero mayor que países como Inglaterra, Noruega y Suecia, donde existen controles estrictos de armas.
Nuestra idea independientemente de los asesinatos y los números; es que estamos ante una población armada hasta los dientes, y por algo será.
Son los herederos del viejo Far West, de las pandillas de Nueva York y de los “Padrinos” de todas las razas. En definitiva pro ahijados de la violencia.
Si a esa reflexión le agregamos que en cada película, en cada novela, en cada serial de televisión, los héroes son quienes luchan armados contra el Gobierno, cualquiera sea, y sus aparatos represivos, léase CIA, FBI, u otras organizaciones, es lógico inferir que por lo menos se trata de una sociedad desconcertada que ni siquiera tiene interés en ejercer el derecho al voto, por lo que la conducción ideológica queda restringida primero a la mitad de la población que vota, luego al Consejo elector y finalmente a los grupos de poder.
Por tanto, a mi criterio, es inaceptable la auto denominación de Nación defensora de la paz y la justicia en el mundo.
Juan Pedro Ribas, Director.
